martes, 17 de julio de 2007

Aprender a dialogar con el dolor

Creo que siempre que la realidad nos interpela y más cuando es una realidad de dolor, se rompen nuestros esquemas interiores y podemos reaccionar de muchas maneras.

Por eso cuando llega la enfermedad nos enfrentamos a una realidad de dolor que no podemos evitar ni evadir en nuestra vida. El sufrimiento es inevitable pero si nos resistimos, negamos o luchamos negativamente el sufrimiento nos enferma más.

Jesús rompió mis esquemas y me enfrento a realidades donde uno enfrenta el dolor y la impotencia. Una vez me sucedió que lo padres de una niña de 9 años vienen a pedirme que vaya al hospital para rezar por su hija que se estaba agonizando porque se le reventó una vena en el cerebro. Yo fui y entre en la sala de emergencias del hospital y la vi en una camilla y el medico me miro y me dice “se nos va” y yo me acerque a la niña y puse mi mano sobre su cabeza y le pedía suplicantemente a Dios que la sane. En un momento el medico me aparta con su mano y vinieron dos enfermeras y una medica. Hizo unas convulsiones y se murió. Todos fuimos testigos de cómo la niña se desvaneció en los brazos del medico. El medico la recuesta suavemente y golpea su mano contra la pared y grita: ¿Porque Dios? Y se pone a llorar y se van en silencio. Yo puse mis manos sobre la niña y ore a Dios con lágrimas y un silencio de impotencia.

El medico me con los ojos en lagrimas me dice si yo conozco a los padres y yo le respondo que si. Entonces me pide si quiero darles la noticia y que pasen a la sala de emergencia para ver a su hija.

Yo le dije que si y al salir solo con la mirada y mis lágrimas basto para que entendieran lo que había sucedido. Los invito a pasar y los llevo a lugar y entran los jóvenes padres de la niña y la abrazan llorando diciendo “Mi hija, porque Dios… porque”.

Es una impotencia no poder hacer como Jesús con La niña que le dice: “no lloren, la niña no esta muerta… esta dormida.”

Me quede en silencio frente a una realidad que no puede cambiarse y con humildad debemos aceptar el misterio de la vida.

Yo de regreso en silencio a mi casa y no podía parar de llorar…

Al otro día no podía hablar para contar lo sucedido mi corazón quedo impactado y sensible. Uno siempre enfrenta realidades de sufrimiento pero esta situación me desbordo. Pasó el tiempo y me di cuenta de que no debo resistirme a experimentar el dolor y preguntaba porque me afecto tanto esta vivencia. Y ahí un se encuentra en un misterio porque nadie esta preparado para enfrentar ni la enfermedad ni la muerte.

Pero sin duda yo fui creciendo y madurando en mi capacidad de enfrentar el dolor y así de a poco ya no es un extraño y voy aprendiendo a dialogar con el.

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