viernes, 16 de mayo de 2008

Aprender a confiar y creer

Yo soy sacerdote desde hace 14 años y en el camino del ministerio sacerdotal, Dios fue poniendo personas que me enseñaron y me ayudaron a crecer en el ministerio de la compasión y ha creer en la sanación espiritual y física.

Jesús nos dejo la promesa de que si creemos podremos hacer lo que El hizo y aun cosas mas grandes. Y nos viene a la memoria como muchos enfermos acudían a El y recibían la sanación de la enfermedad que padecían.

Pero después en mí vida ministerial cuando viene un enfermo a pedir oración por su sanación experimento que las cosas no suceden al modo que yo deseo, que los frutos no se ven instantáneamente y que no todos se sanaban del mismo modo. Entonces uno se llenaba de preguntas y también de dudas, no de la presencia o del poder de Dios, sino del modo que tiene Dios de obrar en la sanación.

Pero para consuelo y fortaleza de mi corazón, Dios se fue encargando de revelarme ciertas certezas interiores. Hoy yo tengo la certeza de que cuando le presentamos un enfermo a Dios siempre hay una respuesta. Pero a su vez no tenemos respuestas para explicar porque Dios sana a uno y a otros no. Ahí nos damos cuenta de que no somos dueños sino instrumentos de la sanación de Dios. Pero esta verdad solo la puedo comprender con un corazón humilde y confiado en el obrar de Dios.

Pero esta certeza interior no basta sino que se necesita un corazón libre y confiado para poder ejercer el ministerio de sanación.

Hoy debo reconocer que yo me enfrentaba al mundo de la enfermedad, del sufrimiento y la opresión con dudas y falta de fe. Las dudas venían de la razón y de pensar que era imposible que un enfermo grave o terminal se sane o que la Fe no me alcanzaba para proclamar y orar con autoridad frente a un enfermo grave. Cuando la fe es débil oramos como pidiendo perdón y usamos palabras tímidas y ambiguas para no despertar falsas ilusiones de que suceda el milagro que deseamos.

Jesús nos habla de no ser tibios y de que hay milagros que no se pueden hacer sin fe. Pero tarde mucho tiempo es cuestionarme verdaderamente esta realidad. Pero al mirar el camino uno se da cuenta de que es Dios mismo el que rompe nuestros esquemas y nos abre a los caminos de la fe.

El poder decirle a un enfermo… “Vamos a rezar para que Jesús te sane”

No son palabras armadas o para quedar bien, hoy siento de que salen de en una certeza en mi corazón. Cuando comprendí de que es Jesús el que sana y que El es fiel y cumple su promesa. Desde ese momento mi corazón se sintió libre de rezar por todos los enfermos que se presenten en mi camino. Uno comprende que somos un instrumento para dejar obrar a Jesús y debo ser humilde y confiado para dejarme usar por El.

Es ahí cuando uno se libera del miedo y de las dudas. Porque tenemos la certeza de que nadie que acudió a Dios ha quedado con las manos vacías. Desde ese momento no paro de de presentarle a Dios la vida de los enfermos y sufrientes que me piden oración y no paro de asombrarme las distintas maneras de cómo Jesús hoy nos sana.

Amiga enfermedad

En mi vida fueron apareciendo amigos que les toco vivir enfermedades crónicas y por la cercanía viví muy de cerca todo el proceso de la enfermedad. Esta realidad me hizo descubrir ciertos aspectos de estos enfermos especiales. Por uno podría decir que hay enfermos que padecen y se sanan. Pero están estos que no se van a sanar y espiritualmente deben aprender a convivir con la enfermedad.

Este escrito son pensamientos para presentar en drama de los enfermos crónicos. Es decir de enfermedades que realizan un deterioro o degenera miento paulatino.

Que en muchos casos es irreversible. En este grupo podemos ubicar enfermedades con la Esclerosis Múltiple, Parkinson, algunos tipos de Cáncer, Sida, HIV, etc.

La realidad es que nos encontramos con una enfermedad que puede ser en corto o largo plazo pero que nos ira deteriorando a la persona.

El propósito no es desarrollar los tipos y síntomas de cada una de la estas enfermedades sino la actitud que tomamos frente a la enfermedad.

Hoy los enfermos y el entorno familiar esta muy informado sobre la realidad de una enfermedad. En este tiempo el internet nos hace poder contar en un breve tiempo a una información detallada y calificada de cada enfermedad.

Son cosas de este tiempo. Pero lo cierto es que el enfermo esta mucho más informado sobre la realidad de la enfermedad pero el espíritu esta más débil para aceptar el sufrimiento e incluso la posibilidad de la muerte.

Hoy hay grandes avances médicos en ciertas enfermedades que eran consideradas como una sentencia de muerte como en ciertos tipos de cáncer, Esclerosis múltiple, sida, etc.

Al enterarse del diagnostico de la enfermedad es un golpe que impacta en el sentido de la vida. Es una realidad que no se puede imaginar ni predecir y uno se enfrenta a un respuesta desde la verdad de lo que somos.

Lo cierto es que desde que uno se entera del diagnostico hasta la aceptación de la enfermedad hay que recorrer un camino de duelo y aceptación al que no todos llegan.

Tener una aceptación sincera y realista de una enfermedad crónica seria lo mas sano para el enfermo pero no siempre es así.

Luchar contra la enfermedad no es lo mismo que luchar contra uno mismo y un enfermo deprimido y sin esperanza tiene unas pocas razones para luchar por la vida.